Opinión: Otra vez en Siria

OPINIÓN.

Qué difícil es reconocerme una y otra vez frente al computador con la intención de escribir sobre nuevas masacres en Siria. Qué difícil es querer mostrar al mundo lo que pasa con el pueblo inocente. Qué difícil es mirar la fotografía de un niño asesinado.

(AFP PHOTO / HO / UNSMIS )

GIULIANA IPPOLITI. El derecho siempre llega tarde a la guerra, así comenzaba a narrarse un viejo libro que me acompañó durante mis años estudio en la Universidad Santa María, la verdad, tuve que haberla leído más de una decena de veces, pero nunca le comprendí tan bien como hoy. Cuando reflexiono sobre las atrocidades comedidas día a día en Siria, me pregunto si la Comunidad Internacional decidió simplemente prepararse para comenzar a gestar la creación de un Tribunal de Crímenes de Guerra para la Patria de Bashar Al Assad, donde sean juzgados los responsables de las 18.000 muertes que según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), han ocurrido. No encuentro respuestas.

A veces imagino a los pueden actuar, sentados frente a un manantial lavando sus manos con el agua más pura del universo. Los veo ahí, sonrientes. Pensando que tal vez, la celeridad en la creación de un organismo internacional con la potestad de sentenciar a los asesinos, les convertirá en entidades exitosas, en mejores seres humanos. No buscan, por el contrario, evitar nuevos asesinatos. Buscan, quedar bien ante los ojos del mundo.

El fin de semana que pasó,  ocurrió en Treimse -provincia de la entidad “rebelde” de Homs-, la mayor escalada de violencia desde que empezara el conflicto sirio, 200 personas perdieron la vida. Y mire usted, desde hace meses he escrito la frase anteriormente subrayada en negrilla, reiteradas veces. Las imágenes, dicen más de lo que necesitamos saber.

¿Quién es el responsable del olor a sangre en las calles polvorientas del país oriental?

Luego de leer estas líneas, no faltará quien  acuse a los “poderosos” de armar a los rebeldes y gestionar la masacre, no faltará quien hable de la CIA, los terroristas y de los Estados Unidos. Por mi parte, creo en la responsabilidad de un Alto Mandatario Nacional por la seguridad de su gente. Bashar Al Assad ha permitido que se asesine vilmente a su pueblo, en una guerra que solo él ha mantenido en palestra, debido a sus intereses, debido a su ambición, debido a su egoísmo y extremismo.

Ningún pueblo debe ser masacrado en nombre de un hombre, ningún hombre, posea el rango que posea, tiene derecho a asesinar a un ser humano.

Recordará usted que la obtención de la dignidad humana se produjo en 1789 en la Francia de Rousseau y Montesquieu con la Declaración de los Derechos Del Hombre y del Ciudadano. De ahí, emanó el principio fundamental que cita que los poderosos no pueden oprimir a los débiles, pero esta norma, no ha sido precisamente respetada a lo largo de la historia, ni por los opresores, ni por los árbitros, ni por nadie. Existen normas internacionales que prohíben a Al Assad asesinar como lo hace, pero existe también la eterna disyuntiva en lo que respecta a la Soberanía de los Estados. Ha ocurrido, incluso en la peor de las guerras, como por ejemplo la de Ruanda en el 94, que no ha ocurrido nada. Sabemos, que el sirio, es uno de los conflictos más violentos e implacables del mundo contemporáneo, y sabemos que los grupos enfrentados no se rendirán, ninguno tiene nada que perder.

El ejercito de la República Democrática, Popular y Socialista de Bashar Al Assad asesina con un propósito, la Comunidad Internacional guarda silencio mientras busca dar respuestas diplomáticas satisfactorias, mientras usted y yo, terminaremos nuestra relación con estas letras e iremos a tomar un descanso frente al televisor o compartiremos un rato con nuestra familia… Pero.

¿Y las víctimas de la guerra?

Dicen algunos que, simplemente, han aprendido a sufrir.

Corro el riesgo de penetrar en su reflexión, así que sin más, aquí está el punto final. 

Bajo la protección del Articulo19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU el 10.12.1948.

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